La escandalosa verdad detrás de la escena de sexo de Sharon Stone y Sylvester Stallone en “El especialista”

“El especialista” intentaba ser una de las películas más ratoneras del cine en plena década del 90. Pero la actriz sintió que ya se había desnudado demasiado y el actor intentó animarla con unos tragos de vodka. El detrás de la escena de una filmación con enojos, chupitos y actitudes vergonzosas

En el Hollywood de los primeros ’90 no había mujer más sexy que Sharon Stone y héroe de acción más confiable que Sylvester Stallone. Cuando empezó a pensarse en El especialista (1994) la combinación en el set de ambos debería garantizar el éxito inmediato y una escena de alto voltaje sexual sería la frutilla del postre.
La trama no importaba demasiado, aunque si podía incluir chantajes, armas o mafiosos, mucho mejor. Pero algo salió mal y la película, si bien fue un éxito de taquilla casi triplicando su presupuesto, fue destrozada por la crítica y quedó más cerca de lo bizarro que del policial erótico.
Para Sharon Stone, marcó el fin de su reinado como ícono sexual que había empezado pocos años antes. Con algunos papeles menores en su carrera y ya doblando la curva de los 30, entró a los ‘90 decidida a ser una estrella. Para ello, combinó el papel de mujer sexy en la portada de Playboy con su rol en El vengador del futuro -junto a Arnold Schwarzenegger, el otro gran héroe de acción-, que la ubicaron como un rostro conocido para el público.

Cuando llegó Bajos Instintos, entró para siempre en el imaginario erótico. Pudo explotar sus dotes de actriz con el de bomba sexy, y la escena del cruce de piernas durante el interrogatorio no necesita más descripción. Quiso refrendar sus pergaminos con Silverster, pero la experiencia no fue la mejor. Se llevaba pésimo con su partenaire William Baldwin y sentía que su voz no era escuchada a pesar de ser la estrella del filme.

La escena finalmente duró menos de cuatro minutos. Stallone la vendió como de alto voltaje. La crítica destrozó al filme, que fue éxito de taquilla
El especialista – Escena de sexo entre Sharon Stone y Sylvester Stallone
En El especialista todo se fue al diablo, cuando Stone se cansó del rol que la industria había diseñado para ella. Pero la industria no lo había entendido de la misma manera, el público ignoraba lo que pasaba por el cuerpo y la cabeza de la actriz. Y si lo sabía, no importaba, al menos no en esos tiempos.

Con dirección del peruano Luis Llosa -primo del célebre escritor Mario Vargas Llosa- la trama de El especialista digamos que no merece ser estudiada en las universidades como el gran guión de la década, más bien lo contrario. Sylvester Stallone es el experto en explosivos del título, un antiguo miembro de la CIA que es contratado por la hermosa y misteriosa Sharon Stone. Su objetivo es vengar la muerte de sus padres cuando era niña. No hace falta ser muy intuitivo para concluir que se enamoran y, obviamente, tienen un gran gran encuentro sexual.
Sin embargo, la tan mentada escena erótica terminó siendo un fiasco
Todo transcurre en menos de cuatro minutos. Una habitación de lujo, ella con un vestido negro, él con un traje. Los movimientos son torpes, los besos en el cuello de él lucen forzados, la música engrasa y aturde. No trasmiten piel, tampoco gozan. De la cama pasan a la ducha, donde ni la espalda marcada de Sly ni los pechos asomantes de Sharon logran conmover. Apenas se escuchan algunos jadeos y el correr del agua, hasta que aplican el truco del jabón. No hay caso. Todavía desnudos y en la ducha, debaten sobre el plan de venganza. Un par de cumplidos, y ya. ¿Eso fue todo? Sí, y para semejante frialdad hay una razón.
Sharon Stone no quería desnudarse para hacer una escena de sexo en El especialista. Ya había sido traicionada en Bajos Instintos, cuando el director Paul Verhoeven le pidió que se quitara la bombacha, argumentando que la luz se reflejaba en la ropa interior blanca mientras le aseguraba que sus partes íntimas estarían a salvo durante el célebre cruce de piernas. Así se lo mostró en el monitor, y la actriz se quedó tranquila, hasta que vio la misma escena pero en la pantalla grande. Sharon pasó de las súplicas para que la retiren, a la amenaza de demanda y terminó descargando su angustia en una cachetada en la mejilla del director.
Bajos instintos fue un éxito en todo el mundo y su continuidad era casi natural. Pero claro no daba una secuela y así hasta la saga infinita, así que apareció Sliver, donde se reforzaba el contenido erótico y le agregaba una trama voyeurista. Cuando la actriz se enteró que William Baldwin, había firmado una cláusula contractual que lo mantenía a salvo del desnudo, fue a golpear la puerta con el mismo reclamo. La respuesta del productor Robert Evans, quedó en la historia como una máxima de época: “Ningún actor ha llegado a ser una estrella desnudándose y ninguna actriz ha llegado a ser una estrella sin hacerlo”.
Sharon mordió su rabia… y algo más. Antes de comenzar la filmación Baldwin se había referido de la peor manera a la emblemática reflexión de Stone, “en Hollywood, la combinación de una vagina y una opinión es letal”, asegurando que “ya hemos visto demasiado de ambas cosas por parte de Sharon”. No solo eso: luego de rodar la primera escena de sexo, él comentó entre los asistentes que ella tenía “los labios muy finos, pero el aliento no está mal”. Lo malo para el actor fue que la actriz se enteró. Cuando tuvieron que repetir la escena, Sharon le mordió la lengua con tanta fuerza que tuvieron que frenar el rodaje durante dos días porque Baldwin no podía hablar.
Así estaban las cosas en la vida de Sharon cuando empezó a rodarse El especialista, y a decir verdad, a nadie le importaban las bombas, el chantaje ni la venganza. El mundo esperaba la escena de sexo entre Stallone y Stone. Los productores empezaban a alterarse cuando veían que la actriz se empeñaba en su postura. El actor de Rocky, apeló a un truco propio de fiesta universitaria o a un muchacho con mucha fama pero escaso cerebro: emborrachar a la chica para tener sexo. La ficción y la realidad a veces se separan por una línea muy difusa.
Fue el propio Stallone quien lo confesó en su momento con una naturalidad propia de la época y lo refrendó, con lujo de detalles, más de 20 años después. Fue durante una charla online con seguidores de todo el mundo. Uno de ellos le preguntó cuántas veces había boicoteado ex profeso la escena de la ducha para poder repetir la toma. Lo que parecía una pregunta tan machista como inocente en ese contexto, desnudó, valga la redundancia, una trama poco feliz.
Stallone expuso el cuadro de situación. Hizo público que la actriz no quería desnudarse por nada del mundo, y contó que él fue perdiendo entusiasmo, sin dar crédito a la problemática de fondo, originada en el hastío de la actriz. Hasta que llegó el día señalado y en el rodaje ella no se quería sacar la bata para empezar la acción. El director despejó lo más que pudo el set de técnicos y curiosos, pero Stone continuaba firme con sus convicciones.
Stallone no entendía el comportamiento de la actriz. ¿Cómo se rehusaba a filmar la escena, si ya habían hablado y él le había prometido que no iba a propasarse? “Estoy harta de desnudarme”, explotó la actriz, sacando de la mochila toda la carga de sus experiencias anteriores. Lejos de comprender y mostrar algún atisbo de solidaridad, el actor pasó al contraataque con un argumento con mucho de ego y poco de empatía: “Le pedí que se hartase en la película de otro, pero no entraba en razón”.
La solución la encontró en su trailer. Allí tenía una botella de vodka, cortesía de Michael Douglas, casualmente, el compañero de Stone en Bajos Instintos. Volvió con la botella y empezaron a compartir tragos. “Tras media docena de chupitos estábamos remojándonos en plan salvaje”, concluyó el actor, con una retórica que dejaba entrever la satisfacción por el deber cumplido.
Más allá de juicios actorales y opiniones de montaje y dirección, quizás estos vaivenes expliquen la escasez de piel y lo poco ardiente de la escena de sexo entre ambas estrellas. Y así como Stone denunció la trastienda de Bajos instintos y Sliver, nunca se refirió públicamente a este rodaje. Ni siquiera cuando el #MeToo puso a Hollywood en constante revisión.
A principios de 2018, fue entrevistada por Lee Cowan en la CBS. Cuando el periodista la consultó si alguna vez se había sentido usada o agredida sexualmente, la actriz contestó con una carcajada de varios segundos.
“Estoy en esto hace 40 años, era una chica de algún lugar de Pennsylvania que llegó sin ningún tipo de protección. Puedes imaginarte cómo era este negocio. Lo vi todo”, sentenció la actriz durante la entrevista.
Sin embargo, Sharon ya había dado muestras, en su debido tiempo y espacio, de cómo funcionaba la cosa. Había denunciado que, apenas llegar a Hollywood, un productor le había propuesto sexo a cambio de convertirla en una estrella. Fue en una entrevista en 1989, mientras filmaba Desafío Total y frente a un periodista de Movieline.
Stone contó que “un poderoso productor (no te diré su nombre, pero sus iniciales son S. B.) me citó en su despacho, me dijo que me convertiría en una gran estrella y se bajó la bragueta. No me he reído tanto en mi vida… Fue una reacción que él no esperaba. El casting de sofá existe, pero no te lleva a ningún sitio. Nadie va a arriesgar un presupuesto de millones de dólares por el hecho de que seas buena en la cama”.
Y ya en la cresta de la ola, otra vez tapa de Playboy, esta vez ganada con el sudor y las lágrimas de Bajos Instintos fue clara en su postura. “Los hombres se agarran las pelotas, te restriegan su sexualidad, te gritan desde el coche, son condescendientes. A las mujeres se nos enseña a ceder, con comportamientos que van minando tu autoestima, tu integridad y tu feminidad. No pienso volver a esforzarme para gustarle a los demás o para evitar confrontación”. Pero sus palabras –vanguardistas, honestas- quedaron perdidas entre su imagen de femme fatal.
En la misma entrevista, la actriz reflexionó sobre los roles que tenía la industria del cine a principios de los ’90: “La mayoría de las películas están escritas para que los personajes femeninos sean como los hombres experimentan a las mujeres o como les gustaría experimentarlas. Pero no como las mujeres son realmente. ¿Cuántas veces vas al cine y ves un personaje femenino que se parezca a alguna mujer que conoces en el mundo real?”.
En cierta medida, Sharon Stone tal vez hablaba de sí misma, y de cómo le hubiera gustado rechazar el vodka, dar media vuelta y marcharse. Pero todavía, ese tipo de heroínas estaba por escribirse.  infobae.com

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